lunes, 28 de enero de 2013

Delikatessen

 Independiente, mi viejo y yo



“Mirá que esta noche es el partido”, me dijo él. Hizo bien porque uno, a los cinco años, no tiene una conciencia cabal de la periodización del tiempo. Como mucho distingue el sábado y el domingo, porque esos días no hay que ir al jardín, y papá se queda en casa a jugar con uno. Pero con los otros días y las otras noches, la cosa se complica. Por eso sin la advertencia de papá, hecha con el beso de recién llegado del atardecer, yo habría pasado por alto la infinita importancia de esa noche. Los preparativos fueron los de siempre. Mientras él encendía el Stromberg-Carlson con suficiente antelación para darle tiempo a las válvulas, yo le pedí a mamá la ropa apropiada para el evento. Primero se negó a lo del pantaloncito corto, aduciendo que era invierno y que hacía mucho frío. Yo argüí hasta el cansancio que los jugadores juegan con pantalones cortos, y al aire libre. Una salomónica intervención de papá desempantanó por fin el pleito: con pantalón corto, pero sentado cerca de la estufa de kerosene del comedor. Después me puse la camiseta roja con el cuellito blanco, con el once de cuero cosido en la espalda, igualito que Daniel Bertoni. Papá, mientras tanto, iba trayendo la colección de trapos rojos que colgábamos a modo de banderas. Había pañuelos, una frazada, un pulóver, un par de camisas chillonas. La lámpara de pie, el timón de barco que adornaba la pared, varias de las sillas, todos terminaron ocultos en nuestro rito ornamental y futbolero. Cuando llegué, rigurosamente ataviado con los colores reglamentarios, me llené los ojos de banderas rojas. Lo único que nos faltaba era el viento para que flamearan, como en la cancha. Papá se negaba, pese a mis acaloradas argumentaciones, a vestir también el atuendo correspondiente. Nada de camiseta. Y mucho menos de pantalones cortos. A mí me parecía un desperdicio, con tanto trapo rojo disponible y tan a mano. Pero él prefería verlo con su bata de siempre, calzado con sus chinelas ruidosas, con el paquete de Kent y el cenicero, pobrecito, para fumarse los nervios uno por uno. Mientras daban las últimas propagandas, y antes del aviso de “minuto cero del primer tiempo, es tiempo para una ginebra Bols” (o cosa por el estilo) que marcaba la hora señalada, papá se sintió en la obligación de preservarme de desilusiones demasiado abruptas. Me miró como me miraba siempre que tenía algo importante que decirme, con una mezcla de solemnidad y de ternura, con un bosquejo de sonrisa iluminándole los ojos. “Mirá, tipito -empezó, porque él me llamaba de esa manera cuando teníamos que aclarar cosas importantes-, que la cosa viene difícil”. Y volvió a enumerarme todas las dificultades que nos esperaban en esa noche de invierno. Que ellos habían ganado en Brasil, que nos habían pegado un peludo bárbaro, que no sólo teníamos que ganar, sino que debíamos hacerlo por no se qué diferencia de gol. Pero para mi sus argumentos sonaban confusos. ¿Acaso él mismo no me había dicho que Independiente era el rey de copas, que la copa, la copa se mira y no se toca, que los brasileños nos tenían un miedo descomunal, y que en Avellaneda y de noche se morían de frío, y no podían ni levantar las patas del paso? El trató de convencerme de que, pese a la absoluta veracidad de lo dicho en otras ocasiones, esta noche las cosas iban a ser muy difíciles y peliagudas. De todos modos, nos entonamos cantando un par de veces el “sí, sí señores, yo soy del Rojo”, y algún otro estribillo para ir matando el tiempo. Cuando finalmente se acabaron las propagandas, papá encendió la radio Phillips, con su estuche de cuero, que debía ser la primera portátil de Sudamérica (y la teníamos en casa). Le bajó el volumen a la tele: ambos sabíamos que los relatores de radio son mejores que los otros. Cada uno ocupó su sitio de siempre. Él en la cabecera de la mesa, y yo sobre el arcón de mirar la tele. Acercó la estufa de kerosene de ese lado para cumplir lo pactado en cuanto a temperatura corporal con la madre del win izquierdo en el bolsillo. Pero la carne es débil. No importa cuánta preocupación ocupe nuestro pensamiento, ni cuánta angustia agobie nuestro espíritu. Uno siempre termina teniendo hambre, o teniendo sueño, y sucumbiendo a esas necesidades poco altruistas. Empecé a cabecear apenas empezado ese partido inolvidable. Mamá me dijo varias veces que me fuera a la cama. Pero yo seguía ahí, impertérrito, sentado en el arcón, con las patas colgando y pateando en el aire como si estuviese en plena cancha en los escasos momentos de lucidez que tenía en medio de mi mar de sueño. Papá esperó un rato y después me dijo que me fuera, que me quedara tranquilo. Yo protesté que de ninguna manera, que teníamos que seguir ahí los dos, haciendo fuerza con los cantitos y las banderas. Él me dijo con aire confiado que no hacía falta, que igual sin mí íbamos a salir campeones, que me quedara tranquilo, que los teníamos de hijos. Ante semejante desparramo de confianza le hice caso y me dormí. A la mañana siguiente mamá me despertó para ir al jardín. Embotado de sueño me dejé vestir, abrigar y conducir a la cocina a tomar la leche. Después ella me sentó en el sillón del living para atarme los cordones, como hacía siempre mientras esperábamos que pasara el micro. Apenas me despabilé un poco recordé la noche de la víspera, y me desesperé preguntándole el resultado del partido. A la luz del día, y después de un sueño reparador, mi deserción de la noche me parecía imperdonable. Ella me miró y dijo no saberlo. Le pregunté por papá, y respondió que aún no se había levantado. Han pasado veinticinco años, pero aunque pasen sesenta voy a recordarlo como si hubiese sucedido hoy. La casa estaba iluminada por uno de esos soles oblicuos y tibios del invierno. Yo tenía el guardapolvo cuadrillé lila y blanco, y la bolsita en el regazo, bien agarrada a la diestra, para no olvidármela (otras veces me había pasado, y me había quedado sin el Jorgito de dulce de leche y sin la taza de plástico para el mate cocido; así que ahora la cuidaba más que a mi vida). De repente oí abrirse la puerta del dormitorio. Y enseguida escuché el clásico arrastrar de las chinelas en el parquet del pasillo. El corazón me dio un vuelco. Lo llamé a los gritos. Entró a las carcajadas, preguntándome el motivo de mi ansiedad. Yo lo interrogué por el resultado, ya totalmente despierto, ya absolutamente pendiente de lo que dijeran sus labios, ya indiferente a mamá terminando de atarme los cordones. Él se acercó, se inclinó, me dio un beso de buenos días, y se me quedó mirando con expresión jubilosa. Recién cuando volví a preguntarle me dijo que sí, que claro, que habíamos salido campeones de nuevo, y que no me olvidara en el jardín de decirle a todo el mundo que Independiente había vuelto a salir campeón de América. Yo, aún en medio de mi alegría, me hice el tiempo de preguntarle cómo habíamos hecho, si él me había dicho que era muy difícil, que en Brasil nos habían dado un baile bárbaro, que teníamos que hacerles como tres goles, que en el campeonato de acá andábamos como la mona. Él me miró risueño, y sembró una semilla más en el fértil potrero de mis sueños de pibe. “Pero, tipito -empezó, como enunciando una verdad ya reiterada hasta el cansancio-, ¿no te dije que los brasileños ven la camiseta del Rojo y se asustan tanto que no pueden ni mover las patas? ¿No te dije que, con el frío, se quieren volver a su casa a comer bananas para entrar en calor? Por eso te dejé dormir. Porque era tan fácil que nos las rebuscamos sin tu aliento”. Y en medio de mi maravilla impávida, terminó: “Menos mal que te dormiste. Imagináte si te quedás despierto y gritás conmigo: les hacemos veinte goles y no quieren venir a jugar nunca más, y nos quedamos sin nadie a quien ganarle la copa”. Después me levantó en brazos y cantamos “la copa, la copa, se mira y no se toca”, y dimos la vuelta olímpica a los saltos, por toda la casa. Vino el micro y me fui al jardín de infantes. Supongo que ésos son los recuerdos que se le meten a uno en los recovecos del corazón, y echan cría y se nutren de su propio néctar, y nos marcan para toda la vida. Por lo menos así ocurrió conmigo. Y no me avergüenza reconocer que ahora, ya grande, cuando tengo un problema que me agobia, o cuando me toca sufrir por radio y por televisión un partido de Independiente y me como los codos por la ansiedad y la angustia (la vida me enseñó lo inconveniente que puede resultar fumarse los nervios), siento un impulso difícil de dominar, una tentación casi irresistible que me invita a irme a dormir, a abrigarme en la certeza de que mientras yo sueño, mi papá e Independiente, como duendes laboriosos, van a arreglarme el mundo para que yo lo encuentre refulgente en la mañana. Y queda en mí el mandato inexorable que dictan las fidelidades eternas. Cuando Independiente gana un campeonato -al fin y al cabo, Dios y sus milagros evidentemente existen- lo primero que hago, en la cancha o en mi casa, es levantar los brazos y los ojos hacia el cielo, abrazándolo a mi viejo a través de todos los rigores del destino, y por encima de todas las traiciones de la muerte. Lo que pasa es que tratándose del Rojo, de mi viejo y de mí, hay veces que la muerte es una señora que nos tiene un miedo bárbaro. Una vieja podrida a la que, de locales en Avellaneda, le tiramos la camiseta y podemos, de vez en cuando, llenarle la canasta. Todavía me acuerdo de ese número once de cuero blanco, cosido en la camiseta como el de Bertoni. Pero ahora también veo, cuando me fijo con suficiente atención, que mi viejo también lleva lo suyo. Lo tiene ahí, en la espalda, justo a la altura del nacimiento de las alas: un diez de cuero blanco, igualito igualito al de Bochini.


* “Independiente, mi viejo y yo” de Eduardo Sacheri, del libro “Esperándolo a Tito y otros cuentos de Fútbol”

miércoles, 12 de diciembre de 2012

LI.DE - 2012

Felicitaciones por el subcampeonato categoría 96/97

Categoría 96/97: DT. Lucas Vega – Ayudante: Lautaro Romero.
Fecha
Rival
Resultado
Goles


1º
Vilo vs C. Galicia
3 a 1
F. Salomoni
D. Kreder (2)

2º
Sitas vs Vilo
0 a 1
F. Salomoni


3º
Vilo vs River R.
1 a 0
F. Salomoni


4º
Roma vs Vilo
2 a 2



5º
Vilo vs River B
4 a 1



6º
Vilo vs Macabi
0 a 2



7º
Romero vs Vilo
0 a 1



8º
Vilo vs Harrod s
2 a 2
C. Fey Bulnes
F. Salomoni

9º
Hacoaj vs Vilo
1 a 2
C.Fey Bulnes








10º
C. Galicia vs Vilo
3 a 2
T. Lori (2)


11º
Vilo vs Sitas
2 a 0
F. Mori
F. Salomoni

12º
River R. vs Vilo
1 a 2
T.Lori
C.Fey Bulnes

13º
Vilo vs Roma
0 a 1



14º
Vilo vs River B
4 a 0
K. Reami
F. Salomoni (2)
Fran Mori
15º
Macabi vs Vilo
2 a 1
T. Lori
C. Fey Bulnes

16º
Vilo vs Romero
2 a 1



17º
Harrod s vs Vilo
4 a 0
T. Lori
K. Reami
F. Salomoni



M.Cudo


18º
Vilo vs Hacoaj
2 a 1
F.Salomoni
T.Lori


La Campaña:
PJ.
PG.
PE
PP.
PTS
18
12
2
4
38

martes, 11 de diciembre de 2012

Orden y progreso

“El camino de un equipo es un proceso continuo y no una simple sucesión de etapas que se archivan por fascículos. Todo influye en todo, como en la vida diaria”.
Es así, como se tienen que ir formando los equipos tanto adentro como afuera del terreno de juego. La subcomisión de fútbol es también en cierta forma un equipo.  Un conjunto de personas que tiene por objetivo cumplir los requisitos solicitados por  los coordinadores de nuestra disciplina. Estoy convencido que este año que se nos va,  fue el más bajo en nuestro rendimiento. Remarco esto porque teníamos un proyecto presentado hace un año (observar al final de la nota) el cual redacte con la intensión de deliberar al respecto, con la idea de lograr un orden y un progreso en el fútbol de Vilo. Esto no sucedió y cada una de las partes trabajo a su manera.
Es por eso que al observar el funcionamiento de nuestro equipo para la organización de la fiesta de fin de año, más tristeza siento. Qué paradoja, “el evento crucial”  fue el mejor organizado en muchos años y si me apuran puedo expresar que desde el año 2000 que no se vivió un evento que se le compare. Para lograr estos nos reunimos exponiendo cada uno su pensamiento, el cual fue respetado por todas las partes. Reflexionamos  y buscamos puntos que nos lleven a mejorar lo acontecido hace un año atrás.
• Se fijo darles a los más pequeños un chori-pan o un paty.
• El asado fue realizado por un conjunto de personas que trabajo con mucha dedicación sin importarle el mango, sino el placer por hacer las cosas bien, brindando de esta manera un mejor servicio a los comensales.
• Se determino realizar la fiesta al aire libre, en el playón, evitando de esta manera el calor agobiante del tinglado.

Roberto Ramos aporto la idea de servir a los más pequeños un chori-pan o un paty. También revalido lo importante que es tener un padrino que colabore con nuestra disciplina, este es el caso Manaos Cola.
Continuando con la familia Ramos, Ramiro realizo con mucho cariño y trabajo un video admirable con fotos de lo acontecido en el año con los chicos de todas las categorías. Desde muy temprano Carlos Vega, de incansable labor, lidero la organización acompañado por sus hijos Lucas y Javier, junto a ellos también estuvieron Juan Manuel Montoya, Mariano Montoya, Fernando Conde, Germán Delgado, Cristian Arrieta, Lucas Caneda, Rodrigo Iglesias, Ramiro Venturini, y un maravilloso grupo de chicos infantiles que armaron todo la puesta en escena. Eso incluyo desde las mesas, sillas, escenario, vallado, localización de las parrillas hasta la decoración y el armado de la barra.

El asado fue comandado por Rogelio Irigaray (Asador exclusivo de la 1º de Vilo), Mariano Montoya, Juan Conde, Gary Legrand y Jorge Cabrera. La categoría Juvenil, dirigida por Marcelo Obregón, fue la encargada de servir la cena a los invitados. Me saco el sombrero, estos chicos, realizaron su trabajo de excelente manera.

La barra fue atendida como hace un año atrás por Mauro Caneda, su esposa, Lucas Caneda, Marina Montoya, y Melisa, novia de quien redacta esta nota. La música y el sonido estuvieron a cargo una vez más por DJ Sopa (Cristian Arrieta).

Lamentablemente tengo que mencionar que la noche tuvo un punto negativo. En las entradas se mencionaba que se serviría helado. El postre como todos los años los entrega la heladería Arnaldo. Esto es gestionado por el presidente del club, en este caso el Sr. Marcelo Longhi, quien 24 hs antes nos había afirmado a la subcomisión de fútbol que él se encargaría. Vaya a saber uno el motivo por el cual el decano nos fallo.  Al enterarse de esto Carlos Vega inmediatamente le pidió ayuda al  concesionario del buffet del club, Ariel, quien nos acerco un par de cajas de helado para remediar este inconveniente. Por suerte la mayoría de la gente obtuvo su postre y el tema no paso a mayores.
Resumiendo, si la vida es un proceso fluido, aunque no uniforme, en el que la alternancia de buenos y malos momentos no es más que la oscilación de un camino, entonces ¿la vida de la subcomisión de fútbol es también un camino continuo y único? Pienso que sí y que este es el momento de dar un salto de calidad, de subir la vara. De obsequiarle a este viaje un proyecto que se delibere, se respete y se modifique según pase el tiempo. Pero por sobre todas las cosas que sea respetado por todos los miembros de la actual y futuras subcomisiones de fútbol. Alcanzando esto podremos señalar que nuestra disciplina mantendrá, orden y progreso.

Proyecto Subcomisión de fútbol año 2012. (Presentado hace un año)
Objetivos:
·         Renovar o sumar nuevos integrantes a  la subcomisión de Fútbol.
·         Promover eventos sociales. Bingos / Asados / Etc.
·         Insistir a los dirigentes del club con el tema del médico para los partidos que se jueguen de local.
·         Sumar  nuevos auspiciantes al fútbol de Vilo.
·         Realizar gira fin de año con las categorías de infantiles/ juveniles.

Tareas  a realizar:
ü  Comprar pantalones, remeras a todas las categorías faltantes. Analizar si se venden o no las medias.
ü  Comprar materiales para la disciplina según lo que pidan los coordinadores.
ü  Proveer y examinar mensualmente los diferentes botiquines.
ü  Mantenimiento de la cancha: Reparar luces, alambrado, Banco de suplentes, césped, redes nuevas para los arcos.
ü  Realizar los informes arbitrales por duplicado correspondientes a todos los partidos que juegue cada una de las categorías. Uno se entrega a la liga el otro se archiva. (Determinar quien lo tiene que realizar si los delegados o cuerpos técnicos) Esto nos otorgara un grado de jerarquía en las diferentes ligas).  

Eventos Sociales para recaudar fondos:
Realizar tres eventos sociales, mas la fiesta de fin de año.
1.      Bingo: Presentación proyecto 2012: Fecha estipulada; sábado 12 de mayo.
2.      Asado: Anuncio de la gira anual: sábado 14 de julio (Ver como se dan las vacaciones de invierno).
3.      Bingo: Confirmación de la gira de fin de año categorías infantiles/ juveniles Sábado 15 de septiembre.
4.      Fiesta de fin de año: Entrega de premios (Fecha a designar).

Temas para reflexionar:
1. Durante los partidos solamente tendrán que estar dentro de la cancha los jugadores, suplentes y el cuerpo técnico. Los demás se tendrán que ubicar detrás del alambrado.
2. Informes arbitrales. ¿Quién los debe realizar?
3. Controlar todo lo que se llama folklore del fútbol. Si echamos un vistazo a las experiencias vividas nos daremos cuenta que todos los clubes que se encargan efusivamente de todo esto nunca les ha ido bien. (Ej.: En la primera Trovador descendió, Galicia perdió con nosotros en su cancha y hubo incidentes, nosotros perdimos la final infantil contra ellos y nuestra gente rompió más el pobre alambrado que tenemos).
4. Intentar volver a realizar la fiesta de fin año con la gente más cercana a la disciplina la calidad de la comida será mejor desde todo punto de vista. Creo que es positivo todo lo realizado en estas dos últimas fiestas pero se puede mejor el nivel.